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Hollywood lleva décadas intentando convencernos de que cada cosa que estrenan es un “evento irrepetible”. Luego llega La espada salvaje de Conan 4 y, sin trailers, sin alfombra roja y sin Chris Hemsworth, te monta un crossover hibóreo a base de tinta negra, músculos, y gente tomando decisiones muy cuestionables con espadas en la mano. Este tomo es el preludio de La batalla de la Piedra Negra, o sea: el número donde todo el mundo se asoma por la puerta antes de que empiecen a volar miembros y maldiciones en la serie regular de Conan el Bárbaro. Aquí no tienes una única gran historia de Conan, sino una especie de “Noche temática Howard”: Conan, Brissa, Solomon Kane, Agnes de Chastillon, Conrad & Kirowan, El Borak… cada uno con su ratito de foco, todos girando alrededor de la dichosa Piedra Negra como si fueran invitados a una boda cósmica que saldrá fatal, evidentemente. La idea de fondo está bastante bien pensada: usar La Espada Salvaje como título “hermano” de la serie principal y conectar el universo howardiano como si fuera una franquicia moderna, pero con olor a papel viejo y sacrificios humanos. El tomo se lee casi como un grimorio: cada relato añade una capa de mito, de maldición o de sospecha sobre el artefacto, y poco a poco ves cómo se va montando el tablero para el evento. Si llegas aquí buscando “una aventurita cerrada de Conan”, te vas a encontrar más bien un prólogo largo con mucha atmósfera y bastante mala baba. Jim Zub escribe con dos modos activados. Cuando se mueve en la zona Howard 100% —barbarie inevitable, héroes que sobreviven más por terquedad que por virtud, esa sensación de que la civilización es un error administrativo—, funciona muy bien. Los diálogos son sobrios, la narración suena a pulp de revista vieja, pero actualizada lo justo para que no parezca que estás leyendo un panfleto de 1932. Cuando intenta ponerse más lovecraftiano con el horror cósmico, ya se le ve un poco la tramoya: hay momentos donde la amenaza funcionaría mejor sugerida que explicada, y alguna escena parece a punto de sacarte un PowerPoint sobre lo terrible de lo innombrable. Aun así, se deja leer con gusto y mantiene el tono oscuro y aventurero que se espera. En la parte gráfica, el tomo es como un festival de bandas de metal: no todas son tu favorita, pero todas van en la misma onda. Perkins, Dagnino, Kotz, Belanger, Zircher y compañía se reparten las historias y, dentro de sus diferencias, todos juegan en el campo que pide La Espada Salvaje: blanco y negro potente, sombras muy marcadas, cuerpos trabajados (en el gimnasio o en la tortura, depende del personaje) y violencia que parece oler a hierro y sudor. Hay páginas que realmente evocan esa revista clásica: composiciones cargadas, rostros muy expresivos (y muy sufridores), criaturas que parecen sacadas de una ilustración pulp vieja con mala idea. Claro, como toda antología, el nivel no es uniforme. Hay historias con un dibujo más funcional, correcto pero sin ese golpe a la mandíbula que te deja una viñeta clavada en la cabeza. El blanco y negro ayuda a unificar, y nunca desciende al nivel de “qué hace esto aquí”, pero sí se nota qué relatos están hechos para lucirse y cuáles para cumplir. Cuando el arte y el guion van alineados, la cosa brilla: Conan o Kane avanzando entre sombras, monstruos a medio ver, ruinas imposibles… ahí es donde el tomo se gana su apellido de “salvaje”. La edición de Panini es rústica, unas 80 páginas en blanco y negro, tamaño majo y precio pensado para que lo sumes sin llorar demasiado a la pila de lo que ya sigues de Conan. No es el ladrillo nostálgico de “toda tu infancia en un tomo” ni la biblia definitiva del bárbaro, sino más bien un especial que, leído solo, entretiene y tiene momentos muy potentes, pero que realmente pide que estés siguiendo la serie regular para sacarle todo el jugo. Así que, ¿merece la pena? Si buscas ese tipo de lectura de “cojo un número de La Espada Salvaje, lo devoro y lo guardo como reliquia aislada”, éste quizá no sea tu santo grial: juega más a ser pieza de un plan mayor que joya autosuficiente. Pero si te apetece ver cómo conectan a Conan, Kane y el resto de la fauna howardiana alrededor de una misma maldición, como si Howard hubiera montado su propio “evento editorial” siglos antes de que eso fuera tendencia, este tomo es básicamente la invitación. Y tratándose de la Piedra Negra, ya sabes que la fiesta terminará mal, pero con estilo. Puedes adquirir este cómic aquí con un 5% de descuento.
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Agosto 2025
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