Leyendas de Hiboria
  • inicio
  • Sangre y acero
  • Productos
    • Libros >
      • Librojuegos >
        • El fénix en la espada
        • La torre del elefante
        • Cimarrones en la Costa Negra
      • Dentro del Laberinto
    • Crónicas Nemedias
  • Tienda
  • Medios
  • Suscripción
  • inicio
  • Sangre y acero
  • Productos
    • Libros >
      • Librojuegos >
        • El fénix en la espada
        • La torre del elefante
        • Cimarrones en la Costa Negra
      • Dentro del Laberinto
    • Crónicas Nemedias
  • Tienda
  • Medios
  • Suscripción

Sangre y acero en Hiboria: estado actual del diseño

20/4/2026

0 Comentarios

 
Foto
​Hay un momento en todo diseño en el que dejas de preguntarte qué juego quieres hacer y empiezas a ver, por fin, qué juego estás haciendo realmente. Creo que Sangre y acero en Hiboria ha entrado en esa fase.

Durante bastante tiempo el trabajo consistió en abrir posibilidades. Probar ideas. Levantar sistemas. Imaginar cómo debía sentirse el viaje, qué papel tenían las ciudades, cómo encajaban los rumores, qué lugar ocupaban las ruinas, cómo hacer que el mapa no fuera un decorado bonito, sino una máquina de aventuras. Esa parte es estimulante, pero también peligrosa, porque en diseño siempre resulta muy fácil añadir una capa más. Lo difícil es decidir qué merece quedarse.

Ahora mismo el proyecto está en un punto distinto. Ya no se trata tanto de inventar cosas nuevas como de comprobar si lo que ya está construido aguanta el peso del conjunto.

La base del juego está bastante clara. Hiboria funciona como un tablero vivo, dividido en macrozonas, países, regiones, enclaves y sitios. Eso, dicho así, puede sonar muy limpio, pero en realidad la pregunta importante no era estructural, sino sensorial: ¿se nota de verdad que una ciudad, una jungla, una costa o una travesía marítima son experiencias distintas? Cada vez tengo más claro que sí, y ese es probablemente el avance más importante de los últimos meses.

El turno también ha ido encontrando su forma. Ahora me interesa mucho menos que el sistema “haga muchas cosas” que el hecho de que permita tomar decisiones con tensión sin obligar a consultar veinte excepciones. Viajar, prepararse, enfrentarse a una escena o moverse dentro de un enclave. Cuatro verbos claros. La ambición del juego no debería nacer de una estructura aparatosa, sino del mundo al que esos verbos te empujan.

Uno de los módulos que mejor ha cristalizado ha sido Sur negro y junglas. Aquí ya se reconoce una personalidad muy marcada: exploración incierta, amenaza ambiental, ruinas ciclópeas, cultos, esclavistas, botín raro y una sensación constante de que avanzar siempre sale más caro de lo previsto. Me interesaba mucho que esta macrozona no fuera solo “más peligrosa”, sino peligrosa de una manera distinta. No tanto por dificultad numérica, sino por tono, por desgaste, por tentación. Ahora mismo ya se puede jugar y, lo más importante, ya deja una impresión reconocible.

Después llegó Mares, que era una pieza delicada. El gran riesgo aquí era acabar diseñando otra carretera, solo que azul. No quería eso. Quería que el mar se sintiera como un espacio propio: incierto, acumulativo, fatalista, lleno de hallazgos y de errores que no se pagan al instante, sino un poco después. El trabajo ha ido en esa dirección. Hay abordajes, pecios, islas inquietantes, corrientes y niebla, pero lo que más me interesaba era que navegar diera una clase distinta de ansiedad. El mar no te mira a la cara; te va cercando.

El tercer bloque que ya tiene bastante cuerpo es Occidente civilizado y costero. Y aquí la satisfacción ha sido doble, porque era un módulo de contraste. Después de trabajar tanto la selva, las ruinas, el barro, los cultos y el océano, necesitaba comprobar si el juego sabía sostener otra clase de peligro: el de las ciudades, los puertos, el dinero mal usado, las miradas ajenas, la ley y la reputación. El resultado, por ahora, es prometedor. Esta parte del mapa ya no parece una versión menos exótica de las otras, sino otra forma de estar en peligro. No es que aquí haya menos amenaza; es que la amenaza viste mejor, cobra por adelantado y sonríe antes de arruinarte.

Si tengo que señalar una mecánica que haya cambiado de verdad el tono de este bloque, ésa es Ruido. Me interesaba introducir una forma sencilla de representar algo muy conaniano: que en una ciudad no basta con ganar un combate o salir con un cofre. También importa quién te ha visto, qué has roto, cuánto has alterado el equilibrio del lugar y cuánto tarda la ciudad en devolvértelo. A veces en forma de guardias, a veces de precios más altos, a veces de puertas que dejan de abrirse. No quería burocracia. Quería memoria social.

Otro paso importante ha sido empezar a cruzar módulos entre sí. Una cosa es que Sur negro funcione, o que Mares funcione, o que Occidente funcione. Otra muy distinta es que una aventura pueda pasar con naturalidad de un almacén portuario a un barco sin bandera, de ahí a un pecio maldito y luego regresar a tierra con consecuencias. Ese tipo de continuidad era una de las pruebas serias del diseño. Y, poco a poco, empieza a sostenerse. Ya no parece que haya varias cajas separadas con ambientaciones distintas. Empieza a parecer un mismo mundo que cambia de tono cuando cambias de lugar.

También estoy afinando cada vez más el papel de los héroes. Esto me importa bastante. No quiero héroes que se distingan solo por una habilidad especial y una ilustración distinta, sino por la forma en que leen el peligro. Hay personajes que funcionan mejor entrando con cuidado, controlando la escena y saliendo con información o botín parcial. Otros están hechos para forzar la situación, asumir más castigo y romper el bloqueo por pura violencia. Mientras el mismo módulo genere decisiones diferentes según quién lo juegue, sé que el sistema va por buen camino.

No todo está cerrado, claro. Hay cosas que ya considero bastante estables y otras que sigo observando con cuidado. Los enemigos humanos, por ejemplo, han exigido bastante trabajo fino. No quería que el problema se resolviera subiendo vida o armadura, porque eso suele ser la solución más rápida y la menos interesante. Lo que de verdad me interesaba era que ciertas familias de enemigos apretaran por ritmo, por mano, por posición o por presión, no solo por daño. En algunos casos eso ya se nota mucho. En otros, todavía estoy vigilando cómo responden distintos tipos de héroe cuando entran limpios, cuando entran sucios o cuando llegan cargados de botín y malas decisiones.

Otra cuestión que sigo controlando es la relación entre refugio y comodidad. Los enclaves tienen que ser lugares donde uno respira, comercia, conspira y recompone fuerzas. Pero no pueden convertirse en una lavadora mágica que borre cada problema en cuanto cruzas una puerta. Parte del trabajo reciente ha ido precisamente ahí: permitir alivio sin regalar impunidad. Es una línea muy fina, y por eso sigue en observación.

A nivel de proceso, el proyecto también ha cambiado de fase. Ya no estoy en el momento de abrir macrozonas a la misma velocidad con la que surgen ideas. Ahora el criterio es otro: cerrar, probar, congelar, cruzar, volver a probar. La prioridad actual no es crecer a toda costa, sino comprobar que lo que ya existe conversa bien consigo mismo. Cuando un módulo aguanta pruebas distintas, personajes distintos y decisiones malas sin desmoronarse, entonces sí merece quedarse quieto un tiempo.

Lo que viene ahora va justamente en esa dirección. Voy a seguir encajando piezas: pruebas de confirmación, campañas cortas que crucen regiones, revisión de puntos de fricción y, solo después, expansión hacia nuevas macrozonas. Me interesa mucho más que Hiboria empiece a sentirse coherente que tener medio continente diseñado a toda prisa.
​
Viendo el estado actual, tengo la impresión de que Sangre y acero en Hiboria ya ha dejado atrás la fase en que todo podía cambiar de arriba abajo en una tarde. Eso no significa que esté terminado, ni mucho menos. Significa algo más útil: que empieza a tener forma propia. Y cuando un juego alcanza ese punto, el trabajo deja de consistir en perseguir una idea y pasa a consistir en no traicionarla.

​Un saludo cimerio.
0 Comentarios

Las cartas iniciales comunes del arquetipo Guerrero

22/2/2026

133 Comentarios

 
Hoy tocaba enseñar el “ADN” del arquetipo Guerrero… pero no con un diagrama aburrido, sino con lo que de verdad importa en mesa: sus cartas iniciales comunes.
En Sangre y acero en Hiboria, cada arquetipo empieza con un mazo pequeño, reconocible, casi humilde. La idea es muy deliberada: que tu personaje no llegue siendo una leyenda, sino alguien que se fabrica a base de golpes, decisiones feas y mejoras ganadas a cuchillo. Por eso el Guerrero arranca con 8 cartas base del arquetipo y, además, el personaje que elijas añade 2 cartas exclusivas. Total: 10 cartas. Un mazo que cabe en la mano, que cicla rápido y que te obliga a jugar “a cara descubierta”.
Deckbuilding, pero con barro en las botas: empiezas con poco, robas, juegas, sobrevives… y poco a poco vas comprando, ganando o sustituyendo cartas para convertir ese mazo inicial en tu forma de pelear. No es “me construyo un motorcito en silencio”; es “me construyo un estilo mientras el mundo intenta arrancarme la cabeza”.
Con 10 cartas iniciales, el ritmo es brutal: si tu mano típica es de cuatro cartas, en dos turnos ya has visto casi todo el mazo, y en nada estás reciclando. Eso hace que el Guerrero se sienta como debe sentirse: directo, consistente, de repetición rápida, sin necesidad de esperar diez rondas para “arrancar”.
Ahora, lo divertido: las cartas que estás viendo aquí son precisamente el tipo de herramientas que definen al Guerrero desde el minuto uno.
GOLPE es la piedra angular. No hace falta poesía: inflige daño, punto. Pero la gracia está en el detalle: si el enemigo mostró ataque, hace +1 daño. Esto no es solo un numerito; es una filosofía. El Guerrero no quiere pelear “a ver qué sale”. Quiere leer intención, oler la violencia en el aire y castigarla. Mecánicamente, te recompensa por no jugar en piloto automático: mirar lo que el enemigo anuncia y responder con hierro.
BLOQUEO es su hermano serio. Reacción, reduce daño. No te da gloria, pero te compra lo único que a veces vale más que la gloria: un turno más con vida. Y además sirve para algo muy deckbuilder: al reducir daño, te evita entrar en espirales de desgaste que luego te obligan a gastar acciones curándote o a atascar tu mazo con estados. Bloqueo es el “vale, sigo aquí” que mantiene tu plan funcionando.
Luego llega ARREBATO, que ya es puro temperamento. Inflige más daño y, si el enemigo venía en modo ataque, encima te deja robar. Eso es importantísimo para el deckbuilding porque robar no es solo “más opciones”: robar es ver antes tus cartas buenas, ciclar, encontrar la respuesta adecuada, acelerar el ritmo. Arrebato te dice: “si el enemigo se ha puesto chulo, tú no solo le pegas más… además te activas”. Es una carta que convierte la agresión del rival en combustible.
INTIMIDACIÓN es el punto donde el Guerrero demuestra que no es un saco de músculos. Aquí aparece el juego mental: Prueba de voluntad; si tienes éxito, ruptura (descartas la carta del enemigo en juego antes de resolverla). Si fallas, ganas fatiga. Es una apuesta preciosa porque introduce algo muy hiborio: el poder no siempre es acero; a veces es presencia. Mecánicamente, te ofrece un “counter” potentísimo (romper la carta enemiga antes de que te caiga encima), pero te exige pagar con riesgo: fallas y te comes fatiga, que luego te ensucia el mazo y te condiciona turnos futuros. Esto es deckbuilding con dientes: no es una carta “gratis”; es una carta que te obliga a decidir si hoy quieres ser valiente o sensato.
Y después está RESISTENCIA, que en un juego de aventuras vale oro. Reacción: cuando fueras a ganar un estado leve (fatiga, sangrado, frío, sed…), puedes descartar esta carta para ignorarlo. Aquí la identidad del Guerrero se vuelve clarísima: el mundo no te mata solo con espadas; te mata con cosas pequeñas acumuladas. Resistencia es la carta que te permite decir: “no me voy a desmoronar por una gota más”. Y, de nuevo, deckbuilding puro: cuando ignoras un estado leve, estás evitando que entre basura en tu flujo, evitando “manos muertas” y ganando regularidad.
Hasta aquí, el arquetipo: herramientas que pegan, herramientas que aguantan, herramientas que castigan al enemigo cuando se delata, y un par de piezas que te permiten jugar a ese ajedrez salvaje de riesgo vs. control.
¿Y las otras dos cartas? Las exclusivas del personaje elegido son la guinda que convierte “Guerrero” en “este Guerrero”. En términos de diseño, cumplen dos funciones muy claras:
  1. Te dan un pivote de identidad desde el turno 1. Aunque todos los Guerreros compartan base, esas dos cartas hacen que no se sienta igual llevar a un personaje más técnico, otro más brutal, otro más táctico o más temerario.
  2. Te señalan una dirección de construcción. En deckbuilding es importantísimo que el juego te susurre “por aquí”. Las cartas exclusivas hacen justo eso: te empujan a mejorar el mazo en una línea coherente, a buscar sinergias, a priorizar ciertas compras, a valorar distinto el botín o las mejoras de ciudad.
A partir de ahí, el mazo deja de ser “el que te dieron” y pasa a ser “el que te ganaste”. En los enclaves podrás mejorar, comprar, afinar; en la aventura encontrarás recompensas, cartas nuevas, estados y cicatrices; y cada vez que metas o quites una carta en el mazo, estarás cambiando tus probabilidades y tu estilo real de juego. Un Guerrero que mete más robo y más ruptura empieza a sentirse como un cazador de aperturas; uno que mete más mitigación y limpieza de estados se convierte en un muro; uno que mete más daño directo y efectos de “si el enemigo ataca” acaba jugando a provocar el ataque para cobrárselo con intereses.
Lo mejor es que, con un mazo inicial de 10, notas esos cambios casi de inmediato. Metes dos cartas nuevas y ya estás alterando el “ecosistema” de tu mano. Y ahí es donde el juego se pone bonito: cuando te das cuenta de que tu personaje no “sube de nivel” porque sí, sino porque tu baraja cuenta la historia de lo que has hecho para seguir vivo.
La primera vez que te salga Intimidación con el enemigo enseñando los dientes, y tengas que decidir si le rompes la jugada o aceptas el golpe y guardas la carta para más adelante, ya estás jugando a Hiboria en serio: no a “ganar”, sino a elegir qué tipo de superviviente vas a ser hoy.

Otro día hablaré de los iconos de bíceps y cerebro que podéis ver en la parte superior izquierda de la caja de texto.

​¡Un saludo cimerio!

133 Comentarios

Un Conan para cada arquetipo

14/2/2026

186 Comentarios

 
Foto
Había una petición que se repetía con la constancia de una maldición estigia: “David, deja que Conan sea Conan… pero déjanos jugarlo de más de una manera”. Y, honestamente, tiene todo el sentido del mundo. Conan no es un “rol” cerrado: es un animal narrativo. A veces entra por la puerta principal con una espada; a veces entra por la ventana con una sonrisa torcida; a veces cruza medio continente porque alguien dijo “allí hay una cosa antigua” y eso ya le parece un plan perfecto. Esa elasticidad está en su ADN: “ladrón, vagabundo, asesino implacable…” y, a la vez, alguien capaz de pisotear tronos como si fueran barro seco.

Así que sí: por petición popular (y porque nos gusta que el juego responda a cómo la gente imagina Hiboria), Conan va a ser un héroe que puede encajar en cualquiera de los 4 arquetipos del sistema. No es “multiclase por postureo”, es “multiclase porque si no, no es Conan”. Y para que eso no sea una frase bonita sino una decisión de diseño con dientes, el juego contará con cuatro versiones distintas del tarjetón de Conan. Cuatro Conan. El mismo cimmerio, cuatro lecturas jugables.

La clave es que no voy “cambiarle el nombre a las casillas”. Cada tarjetón viene con su propio enfoque real: distribución de atributos, una habilidad central, un paquete de equipo/recursos iniciales, y un ritmo de progresión que favorece un estilo de juego. En un sandbox como Sangre y acero en Hiboria, donde el mapa es un tablero vivo y la aventura se cocina en macrozonas, crisis y rumores, el “cómo” juegas importa tanto como el “qué” haces.

¿Qué cambia, entonces, en la práctica? Un Conan puede empujar hacia el arquetipo que vive del choque frontal: menos florituras, más “yo me encargo”. Ese tarjetón está pensado para que el combate sea una herramienta fiable, no una ruleta rusa emocional. Otro Conan encaja mejor en el arquetipo de la ciudad y la sombra: el que convierte un enclave en un tablero de ajedrez sucio, negocia, roba, desaparece, y sale con la bolsa llena y la reputación ligeramente peor. Y también está el Conan que brilla cuando Hiboria se pone fea de verdad: supervivencia, travesía, decisiones de desgaste, macrozonas duras. Porque sí, en el reglamento ya he dejado claro que el mundo te cobra los viajes con intereses… y Conan, por tradición, suele pagar con una carcajada y una cicatriz nueva. La cuarta versión mira al Conan Pirata: el que no solo pelea, sino que toma el timón (a veces de un barco, a veces de una situación que ya venía hundiéndose). Mando, intimidación, carisma brutal (que no es lo mismo que caer bien) y esa habilidad tan suya de mirar el desastre y decidir: “perfecto, entonces lo convertimos en botín”. En la biografía clásica de Conan, su vida es un cambio constante de piel: de saqueador a mercenario, de forajido a capitán, de superviviente a rey; no por capricho, sino porque el mundo cambia y él cambia más rápido.

Y ahora viene la parte bonita para quien disfruta el juego también como objeto: cada uno de esos tarjetones tendrá una ilustración distinta de Conan, relacionada con el arquetipo. 

  • Guerrero: presencia de campo de batalla; peso, amenaza, decisión simple y eficaz.
  • Ladrón: criatura de callejón; mirada rápida, manos ocupadas, ciudad que muerde.
  • Explorador: caminante de fronteras; clima hostil, ruina antigua, el mundo recordándote que eres carne.
  • Pirata: capitán de mala reputación; sal, viento y hierro, con esa sonrisa de “si esto sale mal, saldrá legendario”.

Esto también resuelve algo muy práctico: Conan deja de ser “el héroe obligatorio” para convertirse en “tu Conan”. Además, hay una consecuencia colateral deliciosa: al multiplicar los “Conan posibles”, multiplicas las decisiones interesantes sin tocar la esencia. No necesitas inventarte un Conan mago de rayos (tranquilidad para la comunidad, el cosmos sigue en su sitio). Solo necesitas aceptar lo obvio: Conan cambia de máscara según el escenario. Hay relatos donde lo vemos lidiar con lo sobrenatural con la misma mezcla de rabia, instinto y mala gana que con los humanos, y esa mezcla también se traduce bien a mesa

Así que sí: cuatro tarjetones. Cuatro ilustraciones. Cuatro maneras de jugar a Conan sin dejar de jugar a Conan. Hiboria es enorme y tiene hambre; Conan, como siempre, llega sin pedir permiso.

¡Un saludo cimerio!
186 Comentarios

Diseño conceptual del mazo del héroe

31/1/2026

41 Comentarios

 
Foto
Ilustración creada por el autor con Sora.
Hay una pregunta que siempre aparece cuando alguien ve por primera vez Sangre y Acero en Hiboria: “Vale… ¿y el combate cómo va a funcionar sin dados?” Y es una pregunta involuntariamente tramposa, porque no habla de componentes. Habla de algo mucho más delicado: si el combate va a sentirse como Hiboria o como una hoja de cálculo con espadas.

La idea —y conviene decirlo desde el principio— todavía está por terminar de perfilar porque es una de esas piezas que determinan el tono de todo lo demás. Si aquí fallas, el juego puede ser correcto, sí, pero no divertido. Si aquí aciertas, de pronto todo lo que ocurre fuera del combate (rumores, viajes, encuentros, heridas, saqueos) cobra sentido, porque sabes que cuando se desate la violencia no vas a tirar un número: vas a tomar decisiones.

El corazón del sistema es simple: el enemigo “habla” primero a través de su carta de IA. Esa carta describe su intención del momento: una embestida, una finta, un agarre, un ataque desesperado, una amenaza que busca romperte la moral… y tú contestas desde tu mano. Sin tiradas. Sin tablas. Sin sumar 17 modificadores como si te estuvieras haciendo una declaración de la renta en medio de una taberna de Zamora. La variabilidad no viene de un dado caprichoso; viene de la fricción entre tres cosas muy conanescas: lo que el enemigo te pone delante, lo que tú tienes disponible ahora mismo y lo que tú decidiste construir cuando preparaste tu personaje y tu equipo.

Hasta aquí, lo típico sería meter iconos por todas partes. Pero aquí vamos a ir por otra senda: en las cartas no habrá iconos, habrá palabras clave. Y no palabras clave crípticas, sino palabras clave con intención clara, y, cuando quepa, con una explicación cortísima impresa en la propia carta. La razón no es estética, es de ritmo. En un combate, el reglamento no debería ser un libro; debería ser un rumor de fondo, algo que ya sabes y que solo se consulta en casos raros. Si cada turno tienes que parar a buscar “qué significaba exactamente este icono”, el duelo deja de ser un duelo y se convierte en una búsqueda del tesoro pero sin tesoro.

Así que imagina cartas que te dicen cosas como “EMBESTIDA: si no respondes con ESQUIVA, recibes +1 Daño”, o “FINTA: ignora BLOQUEO”, o “AGARRE: si no rompes con FUERZA, pierdes tu siguiente acción”. Ese tipo de texto te mantiene dentro de la escena. No estás “optimizando una respuesta”; estás viendo al enemigo lanzarse, tú retrocedes, te resbalas en el barro, te cubres con el antebrazo, notas el impacto, y decides si vuelves a entrar o te retiras medio segundo para respirar. Hiboria, no Excel.

La resolución entonces se vuelve elegante: el enemigo trae una intención, tú eliges una respuesta. Si tu respuesta encaja, minimizas el daño o lo niegas, pero casi siempre con un precio. Porque lo importante aquí es que defenderse perfecto no sea gratis. La ESQUIVA puede salvarte, sí, pero quizá te obliga a descartar una carta (fatiga, pérdida de posición, esa respiración que se te va). El BLOQUEO puede reducir daño, pero te deja “plantado” y vulnerable a una FINTA. La CONTRA puede castigarlo… si llegas con la carta adecuada y asumes que si fallas te comes el golpe entero. Sin dados, el juego necesita que cada opción tenga dientes: ganas algo, pagas algo.

Aquí entra otra pieza básica: el equipo no es “un +2 permanente en tu ficha”. El equipo es parte de tu vida, y por eso también es parte de tu mazo. Lo robas, lo bajas, lo mantienes, lo pierdes, se rompe, lo sustituyes. A veces vas armado como un rey y a veces te toca sobrevivir con la daga miserable y el orgullo herido. Eso es temático hasta la médula, porque en estos mundos la seguridad no existe; existe la ventaja momentánea.

En esa lógica, un arma no necesita convertirse en una calculadora: necesita dar identidad. Un hacha puede tener “RUPTURA: si haces Daño, voltea ARMADURA del objetivo” o “PESADA: después de atacar, roba -1”. Una lanza puede decir “ALCANCE: contra BESTIAS, si respondes con MANTENER DISTANCIA, reduces Daño a 0”. Una armadura puede dar “ARMADURA 1” y además “TORPE: la primera ESQUIVA de cada combate te cuesta descartar 1 extra”. Y esto se entiende rápido porque la carta lo dice. No te vas al reglamento a buscar qué hace “Torpe”; lo lees una vez y listo. El reglamento queda para los bordes raros, no para el pan de cada turno.

La magia y el terror también necesitan este enfoque, porque si los tratas como “Daño de color morado” se vuelven aburridos. Aquí lo lógico es que aparezcan como presiones que te cambian la cabeza: “TERROR: si no respondes con VOLUNTAD, quedas ATURDIDO” o “HECHIZO: anula tu siguiente carta de ATAQUE”. Otra vez: palabras clave, explicación breve, flujo intacto. Y si en algún punto hace falta una “prueba”, se puede resolver sin dados del mismo modo: revelar una carta, comprobar si tienes el rasgo adecuado, pagar el coste. Sin dramatizar con azar gratuito, pero manteniendo incertidumbre real.

Lo que más me interesa de este enfoque es que hace que el combate sea una conversación violenta en vez de una lotería. La IA no está “tirando” contra ti; te está proponiendo un problema. Y tú no estás “sumando defensa”; estás respondiendo como un personaje con recursos limitados, con una mano imperfecta, con equipo que puede fallar y con decisiones que se arrastran al siguiente turno. El combate se vuelve una cadena de microdecisiones que te obligan a leer la escena: ¿me conviene comerme un daño pequeño para guardar la ESQUIVA para la próxima embestida? ¿Gasto ahora mi mejor respuesta o aguanto, esperando que el enemigo no encadene una carta peor? ¿Me la juego a una CONTRA sabiendo que, si sale mal, me deja vendido?

Por eso esta parte sigue abierta y en refinamiento porque aquí el objetivo no es “que funcione”. Funcionar funciona casi cualquier cosa. El objetivo es que en mesa se sienta como debería: rápido, sucio, con tensión, con ventajas que se pagan y con decisiones que parecen tuyas, no del azar. Si al terminar un combate te quedas con la sensación de haber sobrevivido por listo y no por un 20 natural, entonces vamos por el buen camino.

¿Qué os parece?

​Un saludo cimerio.
41 Comentarios

El tablero de juego de Sangre y acero en Hiboria

25/12/2025

24 Comentarios

 
Foto
Borrador v0.3 del tablero de juego.
El tablero que veis ahora no es “un mapa bonito”: es un motor narrativo. Representa toda Hiboria (de los Reinos Pictos a Hirkania, con mares incluidos) y está pensado para que una misma partida pueda empezar en una taberna con olor a vino agrio, cruzar un paso nevado donde el error pequeño se paga con dedos congelados y acabar en una ruina que no debería existir… pero existe. La clave es que el tablero se entiende por capas que funcionan a la vez, como si Hiboria tuviera varias realidades superpuestas. 

La lectura “correcta” del mapa, en el juego, tiene cinco capas simultáneas: macrozonas (el bioma/tono), países (los nombres grandes: reinos y territorios), regiones (las subdivisiones concretas por donde te mueves), enclaves (ciudades/puertos, donde compras, curas y te metes en líos) y sitios (ruinas, tumbas, fortalezas, santuarios… donde se gana gloria o se muere con estilo). Lo fantástico es que el mapa no te obliga a seguir un carril: te pone el mundo delante y luego el mundo te cobra intereses.

Macrozonas: el “clima narrativo” de cada viaje

Las macrozonas son la gran capa invisible: no son fronteras políticas, sino “temperamentos” del mundo. Cada una tiene un tono y un tipo de peligro, y además se apoya en sus propios mazos (Travesía y Aventura) para que viajar por ahí huela distinto en mesa.

En el borrador v0.3 el continente se organiza en seis macrozonas terrestres, y además una macrozona de Mares:
  1. Norte helado: Vanaheim, Asgard, Nordheim, Hiperbórea… supervivencia, presagios y aislamiento.
  2. Frontera salvaje occidental: Reinos Pictos, Marcas Bosonias, Reino Fronterizo… emboscadas, fuertes perdidos y violencia rápida.
  3. Occidente civilizado: Aquilonia, Argos, Zíngara… duelos, política, mercenarios, comercio y piratería “humana”.
  4. Reinos centrales: Nemedia, Britunia, Corintia, Ofir, Koth, Zamora, Khoraja… conspiración, cultos urbanos y guerras dinásticas. 
  5. Desiertos y estepas orientales: Shem, Estigia, Turán, Iranistán, Hirkania… desgaste, caravanas, pactos, espejismos y peajes narrativos.
  6. Sur negro y junglas: Kush, Darfar, Keshan, Zembabwei, Costa Negra… jungla opresiva, ruinas ciclópeas, dioses hambrientos, esclavistas y “tierra sin retorno”.
  7. Mares: aventura salada, fatalismo, piratería brutal, islas malditas y monstruos abisales, con peligro acumulativo de travesía.

La idea de diseño aquí es muy simple: mover tu héroe es fácil, pero al cambiar de bioma cambia la historia. El tablero es grande; el tono también. 

Países: los nombres grandes (y por qué importan)

Los países son los reinos “de toda la vida” (Aquilonia, Nemedia, Estigia, Turán…). En mesa funcionan como identidad política y cultural: fronteras, conflictos, reputaciones, leyes y crisis. No son solo decoración; el juego asume que Hiboria se mueve aunque tú vayas a tu bola, mediante Estados del mundo que pueden encender una región (guerra, plaga, cacería, culto en auge, etc.) y alterar lo que te ocurre allí.

Regiones: las casillas reales del sandbox

La región es la unidad práctica: “cada área en la que se divide el mapa”. Te mueves por adyacencia (si comparten frontera visible, puedes viajar), así que el mapa se convierte en una red de decisiones: ¿paso por la ruta segura o cruzo el terreno que huele a trampa?

Y aquí entra el detalle sabroso: viajar puede activar Travesía si entras o sales de macrozonas duras (jungla, desierto, helado, mar), o si cruzas pasos difíciles como cordilleras (con desventaja). El mapa, literalmente, te “contesta” cuando intentas atajarlo. 

Enclaves: donde la civilización te muerde con sonrisa

En el mapa, los enclaves son tus “nodos de vida”: lugares donde curarte, comprar, mejorar el mazo, conseguir rumores o meterte en intriga. En términos de ambientación, son ese recordatorio muy Conan de que la civilización es otra jungla, solo que con perfume caro.

El reglamento distingue capitales/grandes ciudades (tipo Tarantia, Shadizar, Arenjun, Luxur, Aghrapur), ciudades menores/fortalezas y puertos. Los puertos, además, son la única puerta al mar: contrabando, reclutamiento, persecuciones… y zarpar.

Y un detalle que me encanta porque convierte el mapa en un escenario y no en un menú: cada enclave tiene una Ley/Costumbre que se activa si haces ruido (delito, magia en público, asesinato, conspirar). En otras palabras: el mapa recuerda lo que has hecho.

Sitios: los puntos donde la leyenda se fabrica (o se rompe)

Los sitios son las localizaciones “de aventura”: ruinas, tumbas, templos, fortines, campamentos… y “cosas antiguas” que no respetan las reglas normales. En mesa no están puestos desde el inicio: se activan por rumor, misión o exploración, para que el tablero no se convierta en un mercadillo de marcadores previsible.

Cuando un sitio se activa, se resuelve como contenido modular (un bloque/mini-mazo del propio sitio): entras, lo juegas, sales… o abandonas si hueles que el destino viene con dientes.

Mares y regiones marítimas: el continente también tiene hambre de barcos

El mar no es “un borde del mapa”: es un conjunto de regiones marítimas conectadas por adyacencia, igual que en tierra. Para entrar necesitas el estado Embarcado, que obtienes en un puerto. Mientras estás embarcado viajas por mar y, al explorar, robas aventura marítima o de isla si procede; al desembarcar vuelves a reglas terrestres.

Esto permite que la costa no sea una línea decorativa sino una frontera viva: puertos como bisagras, rutas de comercio, persecuciones, piratería, islas que prometen reliquias y entregan maldiciones.

Cómo se prepara el tablero para que el mapa “respire”

La preparación del tablero se apoya en el propio mapa: colocas los mazos por macrozona (Travesía + Aventura) alrededor, revelas una carta para el clima inicial del mundo (Estados en regiones), colocas rumores iniciales en enclaves grandes y activas sitios según esos rumores. En cinco pasos, el mapa pasa de “geografía” a “historia en marcha”.

En la práctica, el mapa está diseñado para que siempre puedas decir: “me da igual la misión; me voy al lugar más imprudente que veo”, y el sistema te responda con una sonrisa torva: “perfecto, Hiboria te va a cobrar eso con intereses”.Haz clic aquí para editar.

¡Un saludo cimerio!
24 Comentarios

Sangre y acero en Hiboria: construyendo un juego de mesa de espada y brujería

23/12/2025

35 Comentarios

 
Foto
Ilustración generada por el autor con Sora.

Estoy en pleno diseño de Sangre y acero en Hiboria, un juego de aventuras ambientado en el mundo de Conan que quiere capturar esa sensación tan hiboria de “hoy duermes bajo techo; mañana, puede que estés negociando con un dios menor a cambio de no morir”. La propuesta nace con una intención clara: sandbox de verdad, con decisiones rápidas, sabor narrativo constante y un mundo que no se queda quieto esperando a que los héroes se dignen a actuar. En mesa será para 1 a 4 jugadores, con modo cooperativo y competitivo, y una duración prevista de 90–120 minutos.

El corazón del juego es el continente de Hiboria como tablero. No es un mapa “para simplemente moverse”, sino un escenario que te empuja a elegir rutas, asumir riesgos y lidiar con consecuencias. Para que ese mapa sea legible y, a la vez, profundo, lo estoy diseñando como cinco capas que conviven: macrozonas (bioma y tono), países, regiones, enclaves (ciudades y puertos) y sitios (ruinas, fortalezas, tumbas, santuarios). Eso permite que viajar de Aquilonia a Zamora no sea lo mismo que internarte en jungla o lanzarte al mar, aunque “solo” estés moviendo una ficha.

Para reforzar esa identidad, Hiboria se divide en seis macrozonas temáticas. Es el “clima narrativo” que determina qué tipo de problemas aparecen, qué se siente al explorar y cómo te castiga (o te tienta) el mundo. El norte helado quiere supervivencia y presagios; el occidente civilizado quiere duelos, política y puertos corruptos; los desiertos y estepas convierten la distancia y el desgaste en un enemigo tan real como una espada.

La estructura de turno está pensada para ir al grano. En tu turno haces tres acciones, y listo: viajar, explorar, prepararte, enfrentarte a lo que ya esté presente, moverte por la vida de enclave o embarcar y desembarcar. La clave aquí es que cada acción se resuelva como escena, sin tablas ni “minijuegos” añadidos: el ritmo tiene que oler a relato pulp.

Viajar, de hecho, es una de las piezas que más estoy disfrutando afilar. Cuando entras o sales de una macrozona dura (jungla, desierto, helado o mar) el viaje dispara una carta de Travesía, una micro-escena de 15–30 segundos que te cobra peaje narrativo: estados como sed o frío, un encuentro repentino, un atajo tentador o un rumor que te mete en un lío mejor pagado de lo recomendable. Explorar, en cambio, roba Aventura, escenas más completas de 1–3 minutos, siempre con opciones claras: una prudente y otra audaz, y a veces una tercera “oscura” que da poder a cambio de corrupción o problemas persistentes.

Los sitios van a ser mi juguete favorito para modular contenido sin ahogar el reglamento: funcionan como pequeñas secuencias que se activan en el mapa y se resuelven como mini-relatos encadenados. Así puedo hacer que una tumba, una fortaleza o un santuario tengan personalidad propia, rejugabilidad y, sobre todo, esa sensación de “esto no era solo una carta suelta; me he metido en una cripta”.

Los héroes, por su parte, no van a “subir” como en un videojuego de números inflados. Aquí el personaje cuenta con un mazo personal: sus técnicas, sus trucos, sus contactos, su mala suerte, sus traumas… y también su equipo, porque el equipo como cartas permite que aparezca cuando tiene que aparecer, que se rompa cuando debe doler, y que encontrarlo a tiempo sea una escena, no una compra administrativa. Además, el progreso está atado a la Gloria, que no solo desbloquea mejoras sino que define qué finales puedes aspirar a intentar.

En las ciudades y puertos no quiero “tienda + curación y ya”. En Conan, la civilización también muerde. Por eso los enclaves tienen acciones potentes (comprar, mejorar mazo, reclutar, conspirar, informarse—, pero con límites para que no se conviertan en un supermercado infinito, y con Ley/Costumbre para que robar, matar o hacer magia en público se sienta como lo que es: una invitación formal a que la guardia te arruine el día, o a que acabes en un duelo absurdo y muy hiborio.

Y mientras tú haces tu vida, Hiboria contesta. Al final de cada ronda se revela una carta de Crónicas de Hiboria: mueve estados, activa amenazas, empuja enemigos errantes, escala guerras, plagas o cultos. Es una forma muy limpia de mantener el mundo vivo con una sola carta por ronda, sin administración pesada y sin que el tablero parezca congelado.

El objetivo también evita la típica carrera de puntos disfrazada. El juego se sostiene sobre dos tensiones: tu Destino personal y el Reloj del Mundo. Cada jugador elige un Destino con tres escalones y un clímax propio, mientras el marcador de Sombra sobre Hiboria avanza por presagios, estados desbordados y “atajos oscuros” que, sí, ayudan… pero cobran intereses. Si el reloj llega al umbral final, el mundo fuerza un capítulo decisivo haya o no haya héroes preparados. Y cuando todo termina, el cierre quiere ser un relato: epílogos según lo que has sido (gloria, corrupción, botín, traumas, persecuciones), porque en este género “morir bien” cuenta y “vivir raro” también.

Ahora mismo estoy concentrado en pulir el “motor” de escenas para que cada acción se sienta como una página pasada rápido: entrar, decidir, pagar el precio, seguir andando… con el mapa de Hiboria mirándote desde arriba como si fuese un dios antiguo con sentido del humor pésimo.

¡Un saludo cimerio!
35 Comentarios

Vídeo sobre los héroes de Crónicas Nemedias

6/12/2023

14 Comentarios

 
En este vídeo podrás conocer a fondo los héroes de Crónicas Nemedias​. ¡No te lo pierdas!
14 Comentarios

Vídeo de las cartas de equipo de Crónicas Nemedias

3/12/2023

2 Comentarios

 
En nuestro primer vídeo nos centramos en las cartas de equipo que son fundamentales en Crónicas Nemedias. Exploramos la variedad y versatilidad de las cartas de equipo.
2 Comentarios

Prototipo de la caja del juego Crónicas Nemedias

18/11/2023

21 Comentarios

 
Foto
Sin prisa pero sin pausa avanzo en la última fase de la creación del juego de cartas Crónicas Nemedias. Os presento el prototipo de la caja. Diseño minimalista que resume el espíritu pulp del contenido (ya sabéis, aventuras sin fin en el mundo de Conan). Espero que os guste.
Foto
21 Comentarios

Mapa de Hiboria para el tablero de juego de Crónicas Nemedias

14/11/2023

14 Comentarios

 
Foto
Me complace enormemente presentaros el mapa que he hecho para el tablero del juego de cartas Crónicas Nemedias. Un trabajo muy laborioso que sin duda ambientará de forma genial vuestras partidas.

Aprovecho para comunicaros que pronto tendremos vídeos del prototipo físico de las cartas, para que os vayais haciendo la idea de lo que se avecina.

​¡Un saludo cimmerio!
14 Comentarios
<<Anterior

    Categorías

    Todos
    Ambientación
    Cartas
    Cimarrones En La Costa Negra
    Cómics
    Cómics
    Crónicas Nemedias
    Crónicas Nemedias
    Dentro Del Laberinto
    Difusión
    Difusión
    Diseño
    Diseño
    Dudas
    El Fénix En La Espada
    El Fénix En La Espada
    Esquema
    Estado
    Formato
    Historia
    Ilustraciones
    La Espada Salvaje De Conan
    La Torre Del Elefante
    Librojuegos
    Mapas Y Planos
    Mecánicas
    Noticias
    Novelas
    Personajes
    Reseñas
    Reseñas
    Sangre Y Acero
    Sombras Eternas En Khal Turath
    Sombras Eternas En Khal-Turath
    Twitter
    Web

    Tweets by LHiboria

    Archivo

    Enero 2026
    Diciembre 2025
    Noviembre 2025
    Agosto 2025
    Julio 2025
    Junio 2025
    Marzo 2025
    Enero 2025
    Diciembre 2024
    Octubre 2024
    Julio 2024
    Junio 2024
    Abril 2024
    Marzo 2024
    Diciembre 2023
    Noviembre 2023
    Septiembre 2023
    Julio 2023
    Junio 2023
    Mayo 2023
    Abril 2023
    Marzo 2023
    Febrero 2023
    Enero 2023
    Diciembre 2022
    Noviembre 2022
    Octubre 2022
    Septiembre 2022
    Agosto 2022
    Julio 2022
    Junio 2022
    Abril 2022
    Marzo 2022
    Febrero 2022
    Enero 2022
    Diciembre 2021
    Noviembre 2021
    Octubre 2021
    Septiembre 2021
    Agosto 2021
    Julio 2021
    Junio 2021
    Mayo 2021
    Abril 2021
    Marzo 2021
    Febrero 2021

    Fuente RSS